Historia de la RACBA

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Historia de la RACBA


3. Tercera etapa: 1963 – 2000

El presidente Pedro Suárez Hernández (de 1963 a 1982) había estado vinculado a la RACBA desde el 12 de mayo de 1948, en que fue nombrado numerario para cubrir una plaza de la sección de arquitectura, pues era profesor de dibujo técnico. En 1956, al asumir la presidencia Ángel Romero, pasó a ocupar el cargo de consiliario 1º en la Junta de Gobierno, que es tanto como decir vicepresidente. Era por entonces director de la Escuela de Artes y Oficios y de la Superior de Bellas Artes. Al fallecer Romero en 1963 asume interinamente la presidencia de la RACBA, siendo confirmado como tal desde Madrid bastantes meses después, y desempeñaría tal cargo durante casi veinte años. De sus primeros nueve años al frente de la Academia sabemos aún pocos detalles. Tuvo en el transcurrir del tiempo notables Académicos a su lado, y era el más veterano Pedro Tarquis Rodríguez que, siendo mayor que él, le sobrevivió, pues falleció en 1986 a punto de cumplir los cien años de edad, y también tuvo el apoyo del profesor Miguel Tarquis y del pintor González Suárez, intelectuales proclives a la innovación. Este empeño renovador se puso de manifiesto inmediatamente de ser confirmado como presidente, al nombrar como nuevos Académicos a finales d el mismo año 63 a Pedro González y a Antonio Vizcaya Cárpenter, quienes habían sido fundadores con Miguel Tarquis y otros creadores, en el otoño de ese mismo año, del grupo innovador “Nuestro Arte”. La primera exposición se celebró en el Museo Municipal, sede de la Real Academia.

En aquellos momentos no pudo Suárez hacer mucho más, salvo que nueva documentación nos revele lo contrario, pues sólo fue al llegar la década de los setenta del pasado siglo XX cuando se dieron las condiciones para darle un nuevo impulso renovador a la Real Academia Canaria. En 1972, habiendo ya muchos sillones vacantes (sólo había 7 Numerarios y 13 sillones vacíos) y siendo la política gubernamental menos restrictiva en cuanto a las ideas de las personas, inició el presidente una segunda remodelación importante, incluyendo a algunas personas de talante progresista, como el crítico de arte y periodista Eliseo Izquierdo. Entraron también entonces la profesora de canto Dolores Trujillo de Gorostiza, el compositor Manuel Bonnín Guerín y el escultor Francisco Borges Salas, preterido tras su regreso del exilio. 1973: discurso de Eliseo Izquierdo ante la Academia. Sentados detrás, de izquierda a derecha: Pedro Tarquis Rguez, Vizcaya Cárpenter, Martín González, Manuel Bonnín y Pedro González.Eliseo Izquierdo Pérez asumió de inmediato el cargo de Secretario General de la Academia y se convertiría en el verdadero motor que propició con el tiempo la renovación y ampliación definitiva de la corporación.

A continuación nombró también Suárez a los primeros Académicos de Honor de esta etapa: el catedrático tinerfeño de la Universidad Central Jesús Hernández Perera, y el pianista, gran gestor musical y antiguo presidente del Cabildo de Tenerife Antonio Lecuona Hardisson. Suárez había intuido seguramente que en la nueva era democrática que sin duda se avecinaba, la Academia podría afirmarse y ganar en pujanza, así que se rodeó de un buen equipo que fuera capaz de dinamizar la actividad académica con una notable proyección social, en base a cursos, conciertos, exposiciones, conferencias, etc. Contratiempos familiares entre los hombres de su entorno, unidos a su desvinculación de la Escuela de Bellas Artes y luego a su grave quiebra de salud, frenaron en la segunda mitad de los setenta el impulso renovador iniciado. El presidente Suárez Hernández falleció el 13 de diciembre de 1982 tras varios años de postración, quedando la presidencia de la RACBA vacante hasta comienzos del año siguiente.

El pintor Pedro González González (presidente desde 1983 hasta 1999) asumiría  la presidencia de la RACBA tras el óbito de Pedro Suárez. Bajo su mandato y con la gestión del secretario Eliseo Izquierdo se reactiva la etapa renovadora, en la que se abre la Academia a nuevos miembros de número del resto del Archipiélago. Fueron de esta manera invitados a entrar en ella los pintores grancanarios Rafael Monzón Grau-Bassas, Felo Monzón, y Jesús González Arencibia, Jesús Arencibia, e ingresó la musicóloga y profesora de canto Dolores de la Torre Champsaur, Lola de la Torre, y como correspondientes, la artista polaca residente en Tenerife María Victoria Penfold, Vicki Penfold, y el delegado de Bellas Artes de Gran Canaria José Miguel Alzola González. Lothar Siemens Hernández, nombrado también entonces, ingresó como Numerario en 1984, presentado por Lola de la Torre, para integrarse con ésta en la sección de música, donde figuraban dos Académicos muy mayores: los compositores Agustín León Villaverde y Manuel Bonnín Guerín. Y en 1985 se completó, por primera vez desde 1913, la sección de música, con el ingreso de la musicóloga Rosario Álvarez Martínez. Y al mismo tiempo, mediante otros nombramientos, quedó la Real Academia cubierta en todas sus plazas. Pero hasta el fin del siglo XX no dejaron de producirse fallecimientos de Académicos, casi todos los años uno, con lo que la elección de nuevos miembros para mantener la Corporación al completo fue incesante.

De esa manera, durante esta nueva etapa de la era democrática se incorporaron también desde 1983 grandes colaboradores de la directiva, como el arquitecto Sebastián Matías Delgado (eficaz y dedicado Secretario al comienzos de la etapa siguiente), la catedrática de Historia del Arte Carmen Fraga, la profesora y directora de coros Carmen Cruz Simó (por deceso de León Villaverde), el escultor Manuel Bethencourt Santana, el pintor Manuel Martín González, el crítico Domingo Pérez Minik, y más tarde la escultora María Belén Morales, los pintores Gonzalo González y Manuel Martín Bethencourt, etc. Al fallecer el pintor Felo Monzón, fue electo para numerario Baudilio Miró Mainou, quien falleció al poco tiempo sin realizar su ingreso. Pero sí lo realizaron el pintor Jesús G. Arencibia (con una magna exposición, la última de su vida) y el arquitecto Salvador Fábregas, ambos residentes en Gran Canaria. El acto de entrada de Fábregas, cuya ‘laudatio’ corrió a cargo del profesor Hernández Perera, fue uno de los más brillantes que se recuerdan, y a todo ello estuvieron entonces presentes en la Academia los arquitectos tinerfeños electos Javier Díaz-Llanos y Vicente Saavedra Martínez, quienes colaboraron siempre con gran entusiasmo, si bien sólo realizaron su acto oficial de ingreso varios años después.

Lo cierto es que, por primera vez desde 1913, en el año 1985 la RACBA logró cubrir todos los sillones de Numerarios, configurándose una estructura académica potente y dinámica. Este logro de González e Izquierdo tuvo el decidido apoyo del presidente autonómico Jerónimo Saavedra Acevedo, cuya personalidad cultural ha sido determinante desde la política en muchos aspectos. Pero no es menos cierto que durante la mayor parte de los años en que Pedro González fue presidente, la Real Academia no tuvo sede. Realizaba sus reuniones en diversos lugares prestados o pagados, como los casinos de Santa Cruz y La Laguna, o en varios restaurantes del entorno de dichas ciudades reservados al efecto, y la documentación obraba en casa del Secretario. Los actos institucionales solían efectuarse con toda solemnidad en el salón de plenos del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, en el lagunero Instituto Cabrera Pinto, etc, y los culturales (conferencias, conciertos, cursos) dinamizados principalmente por Rosario Álvarez desde 1985, en los foros más diversos de Santa Cruz y La Laguna. No menos importantes fueron las exposiciones de arte en diversas salas, la mayoría vinculadas a ingresos de artistas en la Academia, organizadas por el secretario Eliseo Izquierdo.

El colofón de la etapa de Pedro González como presidente estuvo determinado por tres grandes hitos: 1º, la concesión por el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife al mediar los años noventa de un amplio espacio en los altos del antiguo edificio de las Asuncionistas en el Parque Viera y Clavijo, un gran salón de tortuoso acceso donde se instaló con bastante dignidad la sede de la Real Academia; 2º, la primera reunión de Reales Academias de Bellas Artes de España en la capital tinerfeña, convocada por la de Canarias (y de la que más abajo se hablará), y 3º, el inicio de una reforma encaminada a actualizar los Estatutos, todo ello liderado siempre con gran eficacia por el “Secretario Perpetuo” Eliseo Izquierdo, quien culminaría dicha reforma tras la dimisión en el otoño de 1999 de Pedro González. Tomó la presidencia interina entonces, hasta la celebración de la correspondiente elección para nuevo presidente, la consiliaria 1ª Rosario Álvarez, durante más de un año.

 



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