25 de mayo: Manuel González Muñoz solemnizó su ingreso en la RACBA

25 de mayo: Manuel González Muñoz solemnizó su ingreso en la RACBA

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“Cuando me dispuse a trabajar sobre la escultura que hoy pasa a formar parte de la colección de la Real Academia, me fijé en su patrono, San Miguel Arcángel, capitán de las milicias divinas, y lo he querido levantar sobre la tesis de lo apolíneo-dionisiaco: Apolo, dios del sol, del intelecto; Dionisos, dios pegado a la tierra, de las pasiones. No hay combate de contrarios, el bien, el mal, como se da en la iconografía tradicional, sino elevación desde los complementarios”. Manuel González Muñoz

Como si de una obra de teatro se tratara, asistimos ayer 25 de mayo a una gran representación. Con pocos protagonistas, pero fantásticos, un guión muy bien estructurado, una escenografía espléndida en el Gabinete Literario y un gran número de espectadores que, otra vez, han vuelto a llenar el Salón Dorado de esta institución, para asistir a un acto organizado por la Real Academia Canaria de Bellas Artes.

Pero no se trataba de una pieza teatral, sino del acto de ingreso como Académico de Número del escultor Manuel González Muñoz, he aquí la diferencia. Este escultor no sólo donó su obra San Miguel Arcángel versus Apolo Dionisos, sino que ofreció una reflexión de gran altura intelectual sobre su experiencia estética. Previamente, Ana Quesada basó su laudatio en un riguroso análisis e interpretación de la obra del recipiendario, preparando el “terreno” para la disertación de González Muñoz, quien nos aproximaría a su pensamiento humanista y a los impulsos más profundos que lo mueven. Y concluyó con el pianista José Luis Castillo, “un coloso”, aseguraría uno de los académicos al finalizar el acto, quien sin pretenderlo, evocó a la escultura donada, pues la delicadeza y naturaleza etérea de ésta, halló su eco perfecto con la sonata Dante de Liszt. Ana Quesada, Manuel González Muñoz y José Luis Castillo. Conocimiento, razón y pasión. Apolo y Dionisos dándose la mano, como en la escultura, sin contradicción, sin lucha de opuestos, sólo complementarios.                                                                                                                                             

 Con la presencia del Alcalde de Las Palmas de Gran Canaria, Juan José Cardona, y otras autoridades del mundo de la política y del arte, se desarolló el acto de ingreso de González Muñoz. Tras las palabras de bienvenida de la Presidenta de esta Corporación, Rosario Álvarez Martínez, tomó la palabra el Secretario de la misma, Gerardo Fuentes Pérez, para leer el acta en la que se nombró electo como Académico de Número a Manuel González.                     

“Se sumerge en las fuentes del arte y emula con ágiles manos, un movimiento que basa su esencia en el hombre como medida de todas las cosas”. Ana Quesada                                                                           
IMG_7233_CopiarA continuación, la doctora en Historia del Arte y Académica Ana Quesada Acosta, leyó la laudatio en la que cada pieza escultórica representativa de los periodos artísticos de Manuel González Muñoz, sería el punto de partida para hablar del artista. Ella interpretó muy bien la obra de un humanista, que basa su esencia tomando como modelo la figura humana, el hombre como medida de todas las cosas, el hombre que “renace del letargo individual y proclama su libertad de espíritu”. Precisamente este “es el momento en el que el cuerpo desnudo reaparece como portador de belleza”. Ésta es una de las claves de la obra de González Muñoz, otra será sus argumentos visuales que deben mucho al Renacimiento. Así, explorando constantemente en las técnicas y los materiales, “hace suya la mitología clásica y convierte la materia en la esencia de un pensamiento existencialista de raíz dramática” a través de iconos clásicos mutilados por la angustia, cuyos cuerpos se retuercen, en busca de la solución de su fatal destino, como lo revelan sus obras Parcas, Macias, Ares, el Hereje Condenado o Hastío del Profeta, en la que el pesimismo del profeta Jeremías, su denuncia e impotencia son revelados por los personajes modelados en poliéster.                                                                                                                                                                                                                       
Es la condición humana, expondrá Quesada Acosta, la que refleja en su obra, de ahí su clara preferencia por la figura humana, sublimada por el arte. Al fin y al cabo, es un gran enamorado de Florencia, una ciudad humanista, donde asistió a la Academia Giglio para aprender la técnica de las pinturas al fresco, obteniendo la medalla de plata Lorenzo il Magnífico, en Escultura, su primer galardón internacional. Ana Quesada concluyó diciendo “nos encontramos ante una trayectoria fecunda, cimentada por una sólida formación intelectual, y ante un humanista clásico que se nutre con experiencias propias de la contemporaneidad. Un artista versátil y reflexivo que encuentra en la música, literatura, filosofía y mitología sus principales fuentes de inspiración”.
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Al término de la laudatio, se procedió a la entrega de la Medalla y el Diploma por parte de la Presidenta.                                                                                      
“El instante de actividad es lo que me define: creando, por inevitable determinación de hacer; observando, por determinante necesidad de aprender”. Manuel González Muñoz                                                                                                          
Ana Quesada aportó el terreno de conocimientos necesarios, para que, a continuación, y de la mano del nuevo Académico, con su discurso La experiencia estética, una vía hacia el conocimiento, pudiéramos no sólo acceder al motor artístico que mueve a Manuel González, sino volar hacia su cosmos estético. Dos fueron las principales líneas de su reflexión. En la primera, delimitó la diferencia entre realidad y verdad. La realidad es una, precede a las verdades y es “indiferente a ellas”, aseveró, la verdad en cambio es múltiple, “es construcción intelectual validada en los consensos y cambiada en el tiempo”. Afirmó “es en el territorio de las verdades, en tanto que construcciones intelectuales, donde la experiencia de la realidad se representa, se comprende y en ello, uno mismo comprende su existir en el mundo”. Esta premisa nos lleva a la segunda línea importante de su disertación, que tiene como punto de partida la máxima de Protágoras “el hombre como medida de todas las cosas”. Y es que para González Muñoz, el mundo que cuenta es el que interpreta el hombre, ya sea real o inventado, pero sólo “dentro del ámbito y extensión de lo humano”, es por ello que el universo que se da en la obra es en realidad la experiencia del sujeto a través de la misma, de esta manera, cualquier experiencia es conocimiento, y la obra de arte se erige como una vía de acceso al mundo.
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Seguidamente, tomó la palabra el Alcalde de Las Palmas de Gran Canaria, Juan José Cardona, para felicitar al nuevo Académico y a esta Corporación, abriendo lazos de colaboración entre ambas instituciones. IMG_7281_CopiarAcontinuación, Rosario Álvarez se dirigió al numeroso público asistente, para informar sobre la Real Academia, y agradecer la obra donada, pues a su juicio, es “una bella escultura, etérea, donde se aúnan las formas humanas con las técnicas más avanzadas, una obra que bebe de la fuente del Renacimiento, pero deja huella a la imaginación del espectador”.                                                                                                                                                                                                                           
Con la pieza Dante de Liszt, ejecutada por el Académico Correspondiente José Luis Castillo, se cerró el acto, una obra al piano en la que se cumplió toda la reflexión estética de Manuel González Muñoz. De esta manera, escultura y música se dieron la mano, Manuel González Muñoz y José Luis Castillo, como Apolo y Dionisos, se complementaron, porque si una música acompañara el vuelo de San Miguel, esta saldría de las manos de José Luis. “Dos colosos”, volvería a  repetir un académico al final.                                                                                                                                                                                                 
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Texto y fotografías: Tania Marrero

 



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