Museo Histórico Virtual

Luján Pérez, José

de artistas en Canarias

Escultor

José Luján Pérez

Santa María de Guía, 1756 – 1815

Uno de los más sobresalientes escultores de Canarias es sin lugar a dudas José Luján Pérez,  cuyos criterios estéticos se vieron debatidos por  los dictámenes y soluciones artísticas propuestos por los movimientos intelectuales del país, a pesar de la escasa repercusión que tuvo en la sociedad tradicional de entonces, que prefería los repertorios de siempre;  ni siquiera los que le precedieron (Rodríguez de la Oliva, 1695-1777; Marcelo Gómez, 1713-1791; Pedro Murga, 1750-1810, etc.) se atrevieron con estos programas artísticos de los que ya se hablaban en los ambientes ilustrados canarios. Fue quizás el género pictórico el más decidido a aceptar las propuestas académicas, por su carácter más universal, por  contar con una clientela eminentemente laica (la burguesía urbana),  por su importancia en el estudio de la naturaleza (paisaje), por la diversidad de los temas (historia, costumbres, retratos), tal y como sucedió con Juan de Miranda, fallecido en 1805, con quien Luján compartió buena parte de las inquietudes artísticas.

Fue en Santa María de Guía, donde vio la luz el 9 de mayo de 1756. Sus padres se llamaron José Luján Bolaños y Ana Pérez Sánchez. En esta localidad del norte de Gran Canaria recibió las primeras nociones de las ciencias humanas, pues en el convento franciscano de San Antonio de Padua se impartían las primeras letras y nociones de Filosofía. Tanto en Guía como en la ciudad vecina de Gáldar el niño Luján tuvo que haber observado y admirado el arte de ambos templos matrices. Sus biógrafos comentan la temprana inclinación por la escultura, pues más de una vez llegó a hacer pequeñas figuritas de madera valiéndose de un simple cuchillo, causando la admiración de sus conciudadanos. Gracias a las gestiones de algunos próceres de la cultura, como lo fue el Teniente de Milicias don Blas Sánchez de Ochando, oriundo de Murcia y admirador de Salzillo, Luján pudo ir a Las Palmas para iniciar sus estudios. Allí conoció al maestro Jerónimo de Sanguillermo y a Cristóbal Afonso que, de alguna manera, incidieron en la formación del futuro escultor.

Con toda seguridad, sus primeros pasos en el aprendizaje artístico los dio en la Escuela de Dibujo creada en 1782 por don Jerónimo de Roo. Y fue también en esta Escuela donde entabló amistad con el que sería uno de sus mejores maestros, el arquitecto Diego Nicolás Eduardo (+1798), encargado de plantear la actual fachada de la Catedral capitalina, y con quien terminó de completarse su evolución hacia el Neoclasicismo.

Se ha hablado mucho del arte e influencias de Luján Pérez, buscando siempre paralelismos con sus coetáneos peninsulares. Aunque en Las Palmas se relacionó con los artistas de entonces de los que recibió las primeras y principales instrucciones sobre dibujo y modelado, podemos afirmar que manifestó unas dotes artísticas excelentes, a pesar de su tardía incorporación al ámbito escultórico. En todo ese tiempo, Luján tuvo que haber aprendido de los materiales, sobre todo de la madera, en talleres de carpintería; la observación de las esculturas existentes en los templos grancanarios fue otro estímulo en el conocimiento de la volumetría, de las formas y de la policromía; los grabados constituyeron otro significativo capítulo en la formación artística de Luján, en los que pudo conocer la obra de los escultores más célebres, pinturas, arquitecturas, paisajes, costumbres, etc., una extraordinaria posibilidad para conectar con otras realidades, con otros ámbitos y con otros mundos. Esos grabados que llegaron al archipiélago gracias a las órdenes religiosas, a los viajeros, a los militares y a la gente curiosa y coleccionista; grabados, la mayor parte de ellos en calcografía, que ilustraban biblias, breviarios, libros en general religiosos  y estampas sueltas de los que Luján tomaba apuntes, los adaptaba a su propio gusto e ideas y los transformaba en algo nuevo. Por eso encontramos distintas tendencias estéticas que magistralmente confluyen en todo su discurso; soluciones tradiciones locales, tendencias levantinas, especialmente salzillescas, también influencias genovesas sin perder de vista las académicas, defendidas en los programas ilustrados, cuyo espíritu fue asumido por Luján a pesar de las limitaciones que las islas ofrecían. Y lo demostró tanto en su manera de proceder como en el número de amistades con que se rodeaba (políticos, eclesiásticos, escritores, artistas, etc.). Comprometido con la sociedad que le tocó vivir, desempeñó algunos cargos públicos, como el de diputado del Cabildo Insular de Gran Canaria. Esta actitud de hombre progresista se deja sentir en su producción escultórica, pues a través de ella intenta traducir los cambios de mentalidad e incorporarlos a la renovación artística propugnada por la Academia.

Sin embargo, esa Academia como hecho fáctico no se conocerá hasta mediados del siglo XIX en Santa Cruz de Tenerife, capital de la entonces única provincia de Canarias (actualmente la “Real Academia Canaria de Bellas Artes de San Miguel Arcángel”), debido al impulso de una serie de próceres de la cultura que intentaron incorporar a la citada capital en el concierto de las  principales ciudades españolas. Pero cuando esto sucedió, ya Luján había fallecido (1815). Y a pesar de su hipotético viaje a la Península (posiblemente coincidió en Alicante con su amigo y maestro Juan de Miranda), su educación ilustrada, académica e intelectual fue consecuencia de las relaciones sociales, culturales y artísticas (academias de dibujo) en Las Palmas de Gran Canaria, donde abrió taller, justamente en la calle Santa Bárbara. Solamente se trasladó a Tenerife por motivos personales y de trabajo, concluyendo un interesante número de obras tanto para templos de esta isla como para particulares. La Orotava y el Puerto de la Cruz constituyeron dos núcleos de intensa actividad artística. Aquí conoció al que luego se convertiría en su alumno favorito y aventajo: Fernando Estévez (1788-1854), el artista-académico que logró  sobrepasar los límites estéticos que se tenían como inviolables, convirtiéndose en  el paradigma de la escultura del siglo XIX en Canarias.

Si bien Luján manifestó una clara tendencia hacia los nuevos postulados, no fue así a lo largo de su vida como escultor. Tanto podía manifestarse estrictamente académico (Crucificado de la Sala Capitular de la Catedral de mencionada capital grancanaria;  Dolorosa (“La Predilecta”) de la iglesia de la Concepción de La Laguna, etc.), como proclive a la tendencia dieciochesca levantina, contando con varios ejemplos en su repertorio, como las imágenes de  Ntra. Sra. de la Encarnación (parroquia de Santiago Apóstol. Gáldar) y la Virgen de Gloria que se venera en la parroquial de San Juan Bautista, en La Orotava. Otras veces, el proceder barroco, aunque muy atenuado a medida que se adentra en el siglo XIX, es palpable en un elevado número de esculturas. Buena parte de ellas fueron el resultado de acuerdos con sus comitentes (cofradías, particulares, etc.), otras, en cambio, son la traducción de representaciones hagiográficas de  grabados, como el elegante San Agustín, titular de la iglesia de su nombre de Las Palmas de Gran Canaria, o su obra magna, la imagen de los Dolores, de la ya mencionada catedral canaria, que recuerdan sobremanera el sello de las escuelas castellanas del siglo XVIII, como Luis Salvador Carmona (1708-1767), uno de los más representativos y destacados de su época. A Luján le faltó la gracia heredada del siglo XVIII, creando tipos un tanto encorsetados, repetitivos en ocasiones, siempre haciendo referencias al tardío barroco, incluso cuando se enfrenta a los modelos racionales propuestos por la Academia. No así en su proceder como arquitecto junto a Diego Nicolás Eduardo (+1798), encargado de completar la actual fachada neoclásica de la mencionada Catedral de Santa Ana de la capital grancanaria. En este sentido, Luján manifestó un profundo conocimiento de la arquitectura, de las teorías y prácticas tanto de edificios como de retablos. Dispuso, por tanto, de una amplia biblioteca, grabados, dibujos y de nutridas informaciones gráficas de las que se sirvieron sus alumnos y seguidores. Es el escultor ilustrado por excelencia, preocupado por adecuar la herencia cultural y artística a los nuevos tiempos, diversificando sus tareas artísticas (restaurador, proyectista, tasador, etc.) y dedicaciones cívicas (concejal municipal), aparte de su amplio compromiso social.

Su área artística ocupa prácticamente todo el archipiélago, aunque el mayor porcentaje de su obra se encuentra en Gran Canaria (55%). Podemos afirmar que ha sido el escultor canario de mayor producción, no superado siquiera por los de su generación e, incluso, por los contemporáneos. Sin embargo, los repertorios son más bien escasos y repetitivos, debido, entre otras razones, a las exigencias y deseos de la clientela. No encontramos en Luján una representación de “La Piedad”, por ejemplo, o de otros temas de la Pasión, así como de obras individuales, como tampoco aportaciones originales. Demostró un dominio de las técnicas y de la anatomía; prueba de ello es la amplia serie de Crucificados existentes en muchas parroquias de Canarias, aparte de los de reducidas dimensiones, en manos de particulares. Pero el tema más querido y personal es indudablemente el de la Dolorosa, que produjo un modelo a seguir por sus discípulos y simpatizantes. El historiador Tejera y Quesada llegó a afirmar que Luján es el “escultor de las Dolorosas”, pues no hay iglesia, sobre todo en Gran Canaria, que no cuente con una de estas esculturas marianas, tanto de talla completa como de candelero.

No llegó a crear escuela, pero si formó a muchos escultores que pasaron por el taller. Su influencia artística, sus modelos, el sentimiento, soluciones y recursos técnicos, así como su acusada personalidad, han pervivido hasta el siglo XX.

Falleció el 15 de diciembre de 1815 en Santa María de Guía (Gran Canaria), dejando testamento, verdadero documento vital en el que queda expresado su compromiso social, artístico y su condición filantrópica del mundo.

Aunque se mantuvo soltero, tuvo dos hijos naturales (Francisca María y Juan Manuel). No fue retratado en vida por pintor alguno,  pero curiosamente muchos pintores, dibujantes, escultores, etc. se ocuparon de producir una imagen física del mismo, partiendo de una fotografía de su hija Francisca, por el enorme parecido que hubo entre ambos, según la opinión de muchos de los contemporáneos.

GFP

Bibliografía esencial

CALERO RUIZ, Clementina: Luján. José Luján Pérez. Col. BAC, Gobierno de Canarias, Santa Cruz de Tenerife, 1991

FUENTES PÉREZ, Gerardo: La estela de Luján. La importancia de Fernando Estévez, en “Luján Pérez y su tiempo, Las Palmas de Gran Canaria, 2007, pp. 337

GONZALEZ SOSA, Pedro:  El imaginero José Luján Pérez: Noticias para una biografía del hombre. Ed. Cajacanarias, Las Palmas de Gran Canaria, 1990

HERNÁNDEZ SOCORRO, Mª de los Reyes, FUENTES PÉREZ, Gerardo, GAVIÑO DE FRANCHI, Carlos: El despertar de la Cultura en la Época Contemporánea. Artistas y manifestaciones culturales del siglo XIX en Canarias, Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas de Gran Canaria, 2009, pp. 203,210-211.

LUJAN PÉREZ Y SU TIEMPO. Catálogo de exposición, Gobierno de Canarias, 2007

RODRÍGUEZ-DÍAZ DE QUINTANA, Miguel: La devoción privada. Pequeñas obras y microimaginería para oratorios particulares, en Luján Pérez y su tiempo, Las Palmas de Gran Canaria, 2007, pp. 449.

X