Museo Histórico Virtual

Hernández García, Manuel

de artistas en Canarias

Escultor

Manuel Hernández García (“el Morenito”)

Las Palmas de Gran Canaria, 1793 –1874

Si bien disponemos de noticias acerca de su vida, de su situación económica y social, de sus aspiraciones culturales y compromiso con el Arte, desconocemos, en cambio, buena parte de su producción escultórica, deudora del arte de Luján Pérez (1756-1815), del que fue discípulo. Nació en Las Palmas de Gran Canaria el 23 de mayo de 1793. Hijo de Francisco Hernández Toledo, carpintero, y de Francisca García Suárez.

Los primeros conocimientos sobre materiales, herramientas, procedimientos, etc. los recibió en el taller paterno, que se ocupaba de resolver encargos de cierta envergadura artística. Desde muy joven ingresó en la  Academia de Dibujo creada en 1786 bajo el patrocinio de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de la citada ciudad capitalina. Amplió sus estudios en Tenerife (1839-1840), donde pudo haber conectado con Fernando Estévez (1788-1854) que ya entonces era primera figura en el arte de la escultura. Algunos de sus biógrafos defienden incluso la posibilidad de haber viajado a La Palma gracias a los apoyos conseguidos por el célebre sacerdote ilustrado y polifacético don Manuel Díaz Hernández (“el padre Díaz”, 1774-1863), quien lo pondría en contacto con la clientela más solvente de aquella isla.

Tras la muerte de su maestro Luján, instaló taller en la calle La Herrería de la capital grancanaria. Su actividad estuvo más bien centrada en trabajos diversos (retablos, restauraciones, policromías, tasaciones, etc.), y en intervenciones de obras inacabadas del referido maestro, como la “Virgen del Carmen”, de la iglesia de San Agustín, de la referida ciudad. Llevó a cabo pequeñas imágenes para determinadas familias del lugar (Calvarios, crucifijos, vírgenes, santos, etc.) que exponían en sus oratorios privados.

Ya se conocía como “el morenito” por el color de su piel que, de alguna manera, dejaba entrever su origen, pues sus antepasados estuvieron relacionados con la llegada a Gran Canaria de esclavos negros procedente de África (siglo XVII). Tristemente, esta condición fue muchas veces determinante en las relaciones laborales. De todas formas, fue un hombre bien considerado, sin demasiadas pretensiones artísticas pero de sólida cultura y con excelentes dotes para la policromía. Sin embargo, no destacó por una producción amplia, evolutiva, que le permitiera definir un estilo propio, aunque siempre se mantuvo dentro de los más estrictos criterios académicos.

La obra que le permitió ocupar un lugar destacado en el panorama artístico de las islas, fue la de San Juan Evangelista (1842) que se encuentra en la iglesia de Santo Domingo de Guzmán de Santa Cruz de La Palma. Fue costeada por don Esteban Vandewalle y Llarena (1788-1863). La impronta de Luján es incuestionable, aunque con ciertas variaciones, pues Manuel atenúa considerablemente la tensión emocional, suavizando los rasgos para alejarse, en cierta medida,  de esos rostros estereotipados, casi de cliché; debía competir nada menos que con dos obras de Fernando Estévez (Nazareno y Dolorosa) que se encuentran actualmente en el altar mayor de la citada iglesia.

También aparece incluida en su catálogo escultórico la imagen de San Pedro Apóstol titular de su parroquia de la localidad de Bañaderos, en Arucas (Gran Canaria). Por sus características estuvo siempre adjudicada al repertorio de Luján, sin embargo ciertos aspectos de la obra (proporciones, ejecución de los pliegues, etc.) nos hace renunciar a su autoría. Fue realizada en 1829. La cabeza y las manos del Apóstol denotan un claro conocimiento del estudio de la anatomía, del trabajo de las gubias y de la madurez artística.

Manuel Hernández, “El Morenito”, pudo haber conseguido una  amplia notoriedad en el ámbito artístico insular, pero debido a determinadas circunstancias, entre ellas la sumisión al canon estético de su maestro Luján Pérez, que aún después de su muerte seguía dominando la creación escultórica. No así Fernando Estévez en Tenerife, que habiendo sido también discípulo (“discípulo aventajado”) del citado escultor  grancanario, demostró rápidamente una brillante capacidad para escapar de un canon que difícilmente se podía sostener. La clientela ilustrada de La Orotava y la Academia de Bellas Artes de Canarias (Santa Cruz de Tenerife) fueron los detonantes para lograr esos objetivos estéticos, más próximo a los dictámenes europeos.

Manuel Hernández García deja esta vida en 1874, siendo sepultado en el Cementerio Municipal de Las Palmas de Gran Canaria.

GFP

Bibliografía esencial

CALERO RUIZ, Clementina: Escultura barroca en Canarias (1600-1750). Excmo. Cabildo Insular de Tenerife, 1987

FUENTES PÉREZ, Gerardo:

—Canarias: el clasicismo en la escultura. Cabildo Insular de Tenerife, 1990

—“La escultura del siglo XIX. La tradición imaginera y la académica”, en El despertar de la cultura en la época contemporánea. Artistas y manifestaciones culturales del siglo XIX en Canarias. Historia Cultural del Arte en Canarias, V, Gobierno de Canarias, 2008

LORENZO RODRÍGUEZ, Juan Bautista. Noticias para la Historia de La Palma, La Laguna-Santa Cruz de La Palma,  t. I y II, 1975 y 1997

RODRIGUEZ DÍAZ DE QUINTANA, Miguel: Los antecedentes familiares y artísticos de Manuel Hernández, el morenito (1793-1874). En “José Luján Pérez. El hombre y la obra. 200 años después”, San Martín Centro de Cultura Contemporánea. Las Palmas de Gran Canaria, 2015, pp. 309-316

RODRIGUEZ-LEWIS, J.J.: La Semana Santa de Santa Cruz de La Palma: una aproximación diacrónica. Edt. “Consummatum est”, 2007

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