Museo Histórico Virtual

Carmona López, Aurelio

de artistas en Canarias

Escultor

Aurelio Carmona López

Se ha escrito mucho acerca de este artista palmero, sobre todo en artículos de revistas, actas de coloquios, congresos, capítulos bibliográficos, etc., pero aún falta un estudio monográfico que abarque en profundidad su vida, su pensamiento y su producción escultórica. Y lo lamentamos, porque Aurelio Carmona, como todos los de su generación, quedaron atrapados por unas circunstancias sociales, culturales y temporales que les impidieron ir más allá de lo ya establecido, de la innovación, de dar respuesta a todos los cambios y novedades que se estaban produciendo en territorio nacional y en Europa.   Sus capacidades artísticas se vieron mermadas, sujetas entonces a un arte de carácter religioso aún idílico e ingenuo. No propusieron soluciones fuera del círculo estético de Luján Pérez (1756-1815) o de Fernando Estévez (1788-1854); sólo alguna que otra aportación podemos a veces observar, pero más bien como resultado teórico. Nos referimos, por ejemplo, a la representación de El Señor Difunto (“Yacente”), una innovación dentro de la producción escultórica en Canarias, que demuestra la actualización de los presupuestos escultóricos definidos, en primer lugar, por la corriente romántica. En este sentido, Aurelio Carmona fue el primero en optar por  esas otras posibilidades, rompiendo con los modelos propuestos por el barroco: el Cristo Yacente de la iglesia de Nuestra Señora de la
Concepción del municipio de El Paso (La Palma), es un evidente ejemplo de iniciativa iconográfica, tal y como lo planteó Agapito Vallmitjana (1850-1915) en su homónimo (Museo de Arte Moderno, Madrid), realizado en mármol, donde el dolor humano queda transformado en una sublime emoción.

Los padres de Aurelio, don Domingo Carmona –procurador de los Tribunales- y doña Josefa López, pertenecieron a una vieja familia de clase media acomodada, cuyo apellido, Carmona, estuvo unido a las más variadas profesiones ejercidas en la isla, pero especialmente a la artística, y que ya el historiador Jaime Pérez García se ocupó de ello en un estudio que lleva por título “Los Carmona de La Palma, artistas y artesanos” (Cabildo de La Palma, 2001).  Hubo destacados políticos, eclesiásticos, poetas, fotógrafos, profesores, etc. Un hermano de Aurelio, llamado Higinio, también cultivó el noble arte de la escultura, pero sin demasiado éxito. Y un hijo de Aurelio, Domingo, fue poeta y periodista, llegando a dirigir importantes rotativos (“El Criterio”, “Diario de Avisos” y “El Acicate”), desarrollando una intensa vida cultural en la capital palmera, en la que incluyó el teatro.

Aparte de escultor, también se ocupó de la fotografía, siendo el primero, junto al gallego Santos Pego (1832-1905), quien dio a conocer en su isla natal esta invención técnica tan revolucionaria entonces en el ámbito de la plástica artística. Asimismo, hizo sus escarceos en el ejercicio de la pintura, enfrentándose incluso al retrato; muchos de los próceres palmeros fueron llevados al lienzo, entre ellos, el célebre sacerdote Don Manuel Díaz Hernández (“El Padre Díaz”, 1774-1863), que se encuentra en la sacristía de la parroquia de El Salvador, de Santa Cruz de La Palma, o los retratos de su primo Don Antonio Rodríguez López (1836-1901) profesor, poeta, periodista, director del periódico “El Time”, y de su esposa doña Lina Antonia Méndez Cabezola, nacida en 1840. Es una pintura más bien testimonial, abocetada, sin alardes técnicos, conocimientos adquiridos en la Escuela de Dibujo abierta en la capital palmera en 1840 por el pintor Blas Ossavarry, y que le permitieron, asimismo, efectuar encargos diversos relacionados con esta práctica en parroquias y ermitas de La Palma, o en domicilios particulares incluso de Tenerife.

En cambio, en su faceta escultórica demostró ser mejor artista, conociendo y dominando no sólo los materiales (la madera, principalmente), sino también la tridimensionalidad. Recogió la herencia artística de sus predecesores y especialmente la de Don Manuel Díaz Hernández, quien lo introdujo en el campo de la plástica, relacionándolo con la clientela sobre todo eclesiástica. Conoció personalmente a Fernando Estévez del Sacramento (1788-1854), el escultor decimonónico más brillante de Canarias, convirtiéndose en su más fiel seguidor, llegando a imitarle en muchas ocasiones, por lo que a veces las obras de ambos pueden ofrecer dificultades en el momento de reconocer su autoría. Trabajó para los templos de La Palma y Tenerife, contando también con piezas suyas en América, aunque no faltan las de colecciones particulares. Si bien ofrece un dominio de la talla, de las proporciones, de correctas soluciones según los dictámenes académicos, sus obras carecen en cambio de fuerza interna, muy moderadas, a lo que se añade la tendencia a la copia, restándole capacidad creativa.

De todas sus obras hay que destacar la de Ntra. Sra. del Rosario venerada en la parroquia de San Pedro Apóstol (Breña Alta), una  imagen de candelero que sigue las pautas de su homónima llevada a cabo por Estévez para la iglesia de Santo Domingo de Guzmán de Santa Cruz de La Palma, a la que añadió la talla del Niño Jesús, cuyo  modelo es el perteneciente a la Virgen del Carmen, también de Estévez, custodiada en la matriz de El Salvador de la citada capital; asimismo, en esta misma ciudad se halla un San Juan Evangelista, perteneciente a la parroquial de San Francisco de Asís. Y en el templo de San Mauro (Puntagorda), una Dolorosa  que forma parte de la representación de El Calvario. En La Orotava dejó los Santos Varones para la iglesia de San Juan Bautista, y también para este mismo templo, las andas de madera de Corpus Christi en las que destaca el conjunto de querubines tratados con pan de oro. En su amplio catálogo hay que incluir los Niños Jesús bendiciendo, Ángeles que acompañan a personajes de Cristo, representaciones del Cordero Místico, de imágenes de Belén, etc.

A pesar de todo, la producción de Carmona es amplia si la comparamos con las de sus coetáneos. La Palma, su isla natal, contiene el 70% de todo el contenido; el resto se distribuye por las demás islas, siendo Tenerife la que recibió el mayor número de encargos. Su repertorio también contiene un interesante número de piezas de pequeño tamaño (calvarios, crucificados, vírgenes, santos, angelitos, Niños Jesús, etc.) que cumplían los deseos de particulares.

Contrajo matrimonio el 19 de abril de 1854 con Nieves Pérez Hernández, con quien procreó a Domingo, Higinio, Antonia y Josefa. En su taller se formaron gran parte de aquellos artistas que seguían la estela esteviana, como José Aníbal Rodríguez Valcárcel (1840-1910), Arsenio de las Casas Martín (1843-1925), entre otros, aparte de muchos aficionados que buscaban abrirse camino en el difícil campo de las artes.

El 12 de mayo de 1901 dejó de existir, siendo sepultado al día siguiente en el Cementerio municipal de Santa Cruz de La Palma.

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Bibliografía esencial

FUENTES PÉREZ, Gerardo:

__Canarias: el clasicismo en la escultura. Cabildo Insular de Tenerife, 1990

__“La escultura del siglo XIX. La tradición imaginera y la académica”, en El despertar de la cultura en la época contemporánea. Artistas y manifestaciones culturales del siglo XIX en Canarias. Historia Cultural del Arte en Canarias, V, Gobierno de Canarias, 2008

PÉREZ GARCÍA, Jaime. Los Carmona de La Palma, artistas y artesanos, Servicio de Publicaciones de CajaCanarias, Excmo. Cabildo Insular de La Palma, 2001

RODRÍGUEZ ESCUDERO, Guillermo: Aurelio Carmona López (1826-1901), Revista BienMeSabe.org., nº 357, 14 de marzo de 2011

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