Museo Histórico Virtual

Amat de Tortosa, Andrés

de artistas en Canarias

Ingeniero militar

Andrés Amat de Tortosa

Huécija, Almería, 1733. Guanajuato, México, 1790

Hasta 1744, en que el rey Felipe V funda la Academia de Bellas Artes de San Fernando, los Ingenieros Militares del Rey eran el único cuerpo de técnicos con formación profesional suficiente y reglada para atender no solo las defensas y fortificaciones sino también todo tipo de construcciones civiles y obras de ingeniería. Andrés Amat de Tortosa se integró años después como uno de sus miembros, formando parte de esa élite técnica militar que en 1750 se componía solo de 150 escasos efectivos para atender las ingentes necesidades del Imperio Español.

Amat se forma en la Academia Militar de Matemáticas y Fortificación de Barcelona. Allí conocería a Pedro Martín Cermeño autor del plano para la urbanización de la Barceloneta. Se sabe que Amat estaba ya al cargo del archivo de la institución en 1763. Su formación en Arquitectura Civil es encuadrable en lo que Chueca ha calificado como barroco clasicista y debe mucho a la influencia del arquitecto e ingeniero militar Francesco Sabatini.

En general, la tarea de los ingenieros militares fue una labor de equipo. Muchos de ellos se incorporaban a los distintos destinos que la monarquía española había desplegado para continuar las tareas que otros antes que ellos estaban desarrollando. Así Amat de Tortosa llega a Canarias en 1775, siendo entonces Comandante General el marqués de Tabalosos, para luego servir en responsabilidades de Jefe de Ingenieros durante los años en que ostentó el cargo militar principal, Miguel de la Grua Talamanca, marqués de Branciforte. Este ingeniero permanece en las islas hasta que se traslada a Méjico en 1787 en que fue nombrado Corregidor-Intendente de la provincia de Guanajuato.

En sus años de estadía en Canarias, coincide y comparte labores de ingeniería con Luis Marqueli y José Ruiz Cermeño. Son tiempos de intensa labor personal en las islas para la fortificación y ejecución de diversas obras públicas. Una de sus primeras encomiendas, realizada en 1776, fue la reparación del pequeño muelle que se había construido en la costa de Santa Cruz de Tenerife. Trabajo para el que prepara un plano en 1784 de acuerdo a como fue terminado. Allí se presenta el espigón construido sobre la laja de San Cristóbal que contaba con un parapeto de protección al Sur y escalinatas de acceso desde el mar al Norte. Todo ello rematado por un martillo semicircular defendido por una batería de siete piezas de artillería protegidas y orientadas hacia la mar.

En Lanzarote, ese mismo año de 1776, Amat se responsabiliza también de la terminación de la batería que Cermeño había proyectado para la defensa del puerto de Naos. Obra que se acabaría tres años más tarde en 1779. Es una construcción sólida y espaciosa formada por un pequeño recinto para cuartel de forma rectangular acabado con fuertes bóvedas a prueba de bombardeos y al que se acopla un baluarte para algibes y almacén de pólvora, en forma de media elipse en planta orientado hacia el litoral. El edificio se remata con una explanada superior en la que se dispondrán los cañones tras troneras en sus muros. Se trata de un edificio racional que hoy es conocido como castillo de San José y ha sido transformado para espacio museístico en la década de 1970, a iniciativa del artista lanzaroteño César Manrique.

En 1780, el ingeniero Amat de Tortosa recibió el encargo de la reconstrucción del castillo de San Joaquín, situado en la zona de La Cuesta en la isla de Tenerife: Es un punto estratégico localizado a la mitad del camino que enlazaba el puerto de Santa Cruz con la ciudad de La Laguna. Amat concibe la ampliación de la construcción existente de planta cuadrada añadiendo en sus vértices cuatro tambores cilíndricos. Se trataba de aumentar las capacidades defensivas y generar flancos de protección. En determinados momentos de su historia, esta fortificación se ha usado como almacén de pólvora y prisión. Este edificio que fue declarado en 1949 como Bien de Interés Cultural ha tenido muy mala fortuna. El Ministerio del Ejército decidió venderlo a un particular en el año 2000 y hoy se encuentra totalmente abandonado y en una situación deplorable.

Amat intervino también en la reparación de la arruinada batería de Paso Alto en Santa Cruz de Tenerife, actualizando el trabajo hacho por sus compañeros Marqueli y Arana en 1776. En los años siguientes dirigiría los trabajos de mejora lo que dieron como resultado los espacios que hoy permanecen en una situación compleja de la costa de la ciudad. Es una edificación concebida con planta semicircular hacia el mar y con añadidos irregulares hacia tierra.

Pero quizás el trabajo civil más interesante de Amat sea la Alameda de la Marina, espacio acotado de paseo construido por orden de Miguel de la Grua. Es una pieza urbana muy relevante de Santa Cruz Tenerife, que hoy está desgraciadamente mutilada e irreconocible. Aquella alameda fue el primer espacio público arbolado de la ciudad y era el resultado de la influencia de las ideas francesas que se impusieron en la España de entonces. Situado junto a la entrada del muelle, se trataba de un recinto acotado por tapias al que se accedía por una historiada portada de piedra labrada, destinado al embellecimiento y el esparcimiento ciudadano mediante la apertura de un pequeño paseo en la que se aporta por primera vez a la ciudad ajardinado y árboles de porte en alineaciones rítmicas y ordenadas. Fue un éxito social instantáneo entonces. Su popularidad era enorme, acudiendo asiduamente toda la sociedad de la pequeña villa y durante años se celebraron allí conciertos al aire libre por las tardes. Según el preciso plano que se conserva en el Museo Militar Regional, Amat lo diseñó como un recinto rectangular alargado y cerrado por un muro de fábrica y verja, en el que, en su interior, se disponían cuatro filas de árboles que incluía Plátanos del Líbano.

Andrés Amat de Tortosa fue un hombre con una amplia cultura ilustrada como correspondía a su tiempo. Tras acabar sus estudios, en 1763, este ingeniero prepara un trabajo de investigación relativo a las características de las fortificaciones antiguas y modernas: Manuscrito que se conserva en el Archivo Histórico Militar. Su contribución a la cultura local canaria en la docena de años que pasó en las islas debe ser también motivo de reseña. Por encargo de Fernández Alvarado, marqués de Tabalosos, elabora entre 1775 y 1776 un memorial denominado “Plan Político que manifiesta la actual población de las siete islas Canarias” al que acompañaba otro plan militar con vistas y un mapa del archipiélago. Este último le da pie para formular su discurso de ingreso en la Real Sociedad de Amigos del País de Tenerife. En sus últimos tiempos en Canarias editó una curiosa publicación titulada “Semanario Misceláneo Enciclopédico Elemental“, evidenciando su conocimiento de la Enciclopedia de Diderot y D’Alambert.

FGB

Bibliografía esencial

COMBARROS AGUADO, Alberto
La vida y obra de los ingenieros Amat de Tortosa y Samper
En Actuación de los ingenieros militares en Canarias
Cátedra Cultural General Gutiérrez. Centro de Historia Militar de Canarias.
Santa Cruz de Tenerife, 2001

FRAGA GONZÁLEZ, María del Carmen
Andrés Amat de Tortosa.
Los ingenieros militares y su obra arquitectónica.
Cabildo Insular de Gran Canaria, 1994

TARQUIS, Pedro
Diccionario de arquitectos, alarifes y canteros que han trabajado en las Islas Canarias
S. XVIII.
Museo Canario. Las Palmas de Gran Canaria, 1964-1970. Pgs. 409-414.

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